El edificio. Una novela en escombros.

Algunas notas. De Luis Alberto García

Miguel Ángel al revés.

Al contrario que el gran escultor que descubría las formas en la piedra, y sacaba a relucir las imágenes y formas que eran luego sus esculturas, Mario desarrolla, no recorta, extrae la historia que está encerrada en una frase, aquella que “vio”, imaginó primero, lo cual según sé es literal en el caso de EL edificio…

El edificio en el que me ocupan en algo, consta al parecer de cinco pisos los lunes.

A partir de la cual extrajo una novela, hecha y derecha, con palabras hechas y deshechas. Pues eso es lo que hace Mario, deshace el lenguaje para que diga lo que él quiere, para que nada diga pareciendo que dice algo, o digo pareciendo que no dice nada…

Cuando no acierto el camino verdadero y llego, el primero que encuentro me saluda por si se larga a llover al mediodía y sólo si me confunde con un actor de la tele, será por los bigotes, digo yo, así que algún día me los dejaré crecer... (así sigue el primer párrafo de esta novela…)

Tanto absurdo dice mucho a veces por deformación, otras por exageración, de nosotros mismos y a fuerza de burlarse de la solemnidad, critica mucho y bien a esta sociedad que quizás es más absurda aún que el misterioso edificio donde manda como autoridad suprema el ubicuo y nunca ubicado SUPER…


Paradoja

El edificio es una novela del lenguaje, es una construcción a pesar de su subtítulo –Una novela en escombros–, los escombros lo serán de las vidas de personas casi sin nombres que se entrecruzan en los pisos, escaleras y pasillos de El edificio, pero nuestro escritor, Mario, es ante todo un constructor. Los escombros del cada vez más mal utilizado lenguaje son su herramienta, para construir una novela que es una sucesión ininterrumpida de gags y absurdos, que como las buenas y antiguas películas mudas –como las de Chaplin y Buster Keaton–, entrega un motivo de risa tras otro, aunque siempre sobrevuela la crítica abierta o indirecta a situaciones y relaciones habituales. A hipocresías, miedos, mojigaterías y pioladas, que son desarticulados bajo los juegos de palabras que pueblan el edificio.


Un edificio. Muchos pisos.

No porque sea un edificio grande, quizás hay días u horas en que lo sea y otros en que sea apenas poco más que una casa, sino que los pisos son las construcciones, las múltiples historias que lo habitan, sin contar los numerosos reglamentos y normas que nos aclaran, o confunden, eso nunca está claro la vida en este universo capassiano.

Lo atraviesan decenas de pequeñas historias que tienen validez de por sí, y a las que El edificio les sirve de marco y excusa pero que van más allá de este lugar misterioso, en que las escaleras tienen movimientos impensados, en que en un pasillo se halla una Mancha de sangre imposible de limpiar, en el que los baños son miles caprichosamente diseminados… y de todos los más variados estilos como dice el anónimo habitante que nos cuenta la historia, con palabras que cuentan lo que ellas desean y no lo que los personajes se supone que quieren contar. Ya que la manera en que está narrada, parece que las palabras fueran como la corriente de un río, que llevan a los personajes y las historias alterando los hilos de estas, desarticulando constantemente la inexistente cronología, y dando forma a un universo cerrado en sí mismo, ajeno al mundo exterior del que sin embargo se nutre.


Piedras heridas
Algunas notas. De Luis Alberto García

Del Naturalismo a la Fantasía.

Las escenas y personajes, las palabras con que son narrados, son sumamente realistas. Abundan los monólogos y los cuentos en que el relator termina cediendo la palabra al personaje narrado. Y si bien las situaciones son realistas –un hombre en la vereda, un separado que festeja y se lamenta alternativamente, una fiesta de quince que nunca comienza– las historias van derivando a un terreno más difuso que en algún momento termina por ser plenamente fantástico. Pero la forma en que están narradas, nos lleva naturalmente y sin discusión ni oposición a un terreno que en algún momento ha dejado de ser firme y es un pantano que rodea al personaje y al lector que ha seguido el fluido relato…


Escritura. Oralidad.

Esa fluidez que caracteriza a la escritura de Mario, es la fluidez de un excelente Cuentacuentos, porque las historias más que leerlas parece que las escucháramos. Es la voz del personaje o el personaje-relator. Una voz creíble, que convence. Hay una frase de Sábato que dice algo así como que Oficio en el arte es que no se note que lo hay. La naturalidad que emanan los relatos de Mario Capasso está construida palabra a palabra, frase a frase, para llevarnos, por ejemplo, a través de la historia de un viejo obrero que cuenta un mundo que ya no es y que el lector deduce pero él no ve, o un paciente con experiencia que intercambia lugares con un médico en medio de una charla absurda y perfecta, o la historia de un personaje al que un llamado telefónico equivocado, o no, le cambia la vida, o la vuelve a su lugar…


Sin fronteras

No lo digo porque sea una escritura sin regionalismos, que los hay, los necesarios, al igual que el suficiente lunfardo, en los cuentos adecuados, para mostrarnos que Mario sabe de Tangos –como que un cuento parece un juego de una revista de ingenio, y que es un desafío al conocimiento tanguero del lector– pero sobre todo son cuentos sin fronteras porque no la hay, en muchos casos, entre relator y personaje, y apenas la hay entre relator y lector. Es una frontera difusa, en la que el relator interactúa expresamente con el personaje que le recrimina lo que sobre él escribe, o que apenas existe entre el personaje que monologa, y sentís que te lo están contando a vos, al lector, es una confesión que busca nuestra complicidad, o consuelo o comprensión…


Literatura del creo

Es esa palabrita y el doble sentido que tiene lo que define estos cuentos en particular y a la escritura de Mario en general.

Decir Creo que esto es así. Es afirmar algo, decir con seguridad que algo es de una forma dada y no de otra, se confía en ello, se Cree en eso.

Pero si se dice Esto es así, creo. Ese creo está sembrando la duda, es lo que me parece, pero no puedo asegurarlo, pienso que puede ser así y quizás es de otra forma, eso me parece, eso creo.

Ese cambio de sentido del Creo, es lo que sintetiza la obra de Mario, se pasa en ella, o pasan sus personajes y con ellos nosotros, insensiblemente de un terreno firme, de creencias sólidas a un terreno resbaladizo donde nada es lo que parece o parecía. En una transición suave en que el lenguaje es la autopista que recorre un paisaje que se va modificando a medida que la recorremos.

Por eso, para terminar: Creo que Mario es un gran escritor, dueño de un registro amplio y eficaz, capaz de escribir de muchos temas, pero que en el fondo siempre se refiere al ser humano perdido en un mundo que lo supera y se le escapa de las manos, creo.